El ejemplo de Estonia en transformación digital, productividad e innovación (opinión)

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El ejemplo de Estonia en transformación digital, productividad e innovación (opinión)

Fidel Jaramillo Buendía *
Octubre 19, 2018 - 05:00

De acuerdo con los últimos datos del Foro Económico Mundial, Ecuador ha venido rezagándose en términos de competitividad. Hay una serie de factores estructurales que inhiben la productividad en el país, en particular aquellos que se refieren a la innovación y el uso de tecnologías de información y comunicaciones. Invertir seriamente para cerrar esta brecha permitiría al país no solo avanzar en competitividad, sino asegurar mayores niveles de bienestar para la población, oportunidades económicas para pymes e individuos, un Gobierno más transparente y eficiente, y un camino hacia mayor sostenibilidad ambiental.

Ecuador puede apostar por una agenda de transformación digital como un eje transversal de su desarrollo social y económico. En ese esfuerzo bien podría mirar la experiencia de Estonia, un pequeño país báltico con la mitad de los habitantes de Quito, que hace dos décadas inició una revolución tecnológica que transformó su sociedad y le ha colocado a la vanguardia mundial en economía digital. Aquí una historia:

En 1991, tras su independencia de la antigua Unión Soviética, Estonia se encontró en una situación de limitados recursos financieros que impulsó al Gobierno a cambiar su modelo económico y a actuar de manera más eficiente.

Así, a mediados de los 90, el país inició un proceso planificado y continuo de apoyo a la innovación y desarrollo digital que en 20 años lo ha posicionado a la vanguardia de la agenda digital mundial y ha sido el motor para su desarrollo económico y social. Actualmente, Estonia goza de un ingreso per cápita de $ 29.481, casi cinco veces más que Ecuador, que alcanzó en 2017 un ingreso per cápita de $ 6.198.

 

Detrás del milagro

Aquí van algunos hitos de la transformación digital en Estonia: prácticamente todos los trámites en papel han desaparecido, registrar una empresa en línea requiere de tan solo 18 minutos, 96 % de la población cuenta con ID electrónico, los ciudadanos tienen una ficha médica electrónica y reciben recetas médicas de esa de manera y el uso de la firma digital está generando ahorros equivalentes a 2 % del PIB.

Todo eso implica, también, una fuerte penetración del acceso a Internet: 88 % de la población entre 16 y 74 años la utiliza y 100 % de las instituciones gubernamentales y de los municipios están conectados a la red mundial.

Toomas Ilves, presidente de la República de Estonia desde 2006 hasta 2016, fue el principal impulsor de estos cambios. En una visita a Costa Rica, compartió con autoridades gubernamentales, funcionarios públicos, sector privado y académicos su visión de transformación digital y las lecciones de su país.

Su mensaje en el marco del lanzamiento de la Estrategia de Transformación Digital hacia la Costa Rica del Bicentenario fue claro: la digitalización es un instrumento clave, no solo para ganar en eficiencia en la gestión pública, sino también para mejorar la transparencia y reducir la corrupción.

Sin duda, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son uno de los ejes principales de la competitividad y de la mejora en la provisión de servicios. El acceso y uso de estas tecnologías, tanto en el Gobierno, como en las empresas privadas, la academia y por la sociedad civil, es fundamental para avanzar en cerrar las brechas de desarrollo entre la región y un mundo que avanza rápidamente hacia la transformación digital.

Un caso interesante es también el de Costa Rica, que ha escalado posiciones en materia de transformación digital y ya se ubica entre los 10 países más avanzados en gobierno digital en América Latina y el Caribe, de acuerdo al ranking de 2018 de la medición de gobierno electrónico efectuado por las Naciones Unidas. Sin embargo, como Ecuador, este país enfrenta una doble brecha que lastimosamente se está ampliando: la externa, con respecto a otros países líderes como Estonia, y la interna, entre quienes tienen acceso a infraestructura y conocimiento digital y quienes están quedando al margen. De allí una estrategia digital es imprescindible.

El BID continuará colaborando para apoyar a los países a posicionarse como líderes en el aprovechamiento de las tecnologías digitales con el fin de tener sociedades más prósperas y cohesionadas y Estados más transparentes y eficientes.

 

*Representante del BID en Costa Rica. Este artículo fue publicado originalmente bajo el título Estonia y la transformación digital de Costa Rica (https://bit.ly/2ynfdmI) en el diario La Nación de ese país. El autor realizó modificaciones relacionadas con Ecuador para que la nota sea publicada en esta revista.

 

 

 

 
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