El ecuatoriano lee apenas un libro al año, y la pandemia empeoró las cosas

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El ecuatoriano lee apenas un libro al año, y la pandemia empeoró las cosas

Revista Gestión *
Junio 30, 2022 - 06:00

La encuesta de Hábitos lectores, prácticas y consumos culturales realizada por el Ministerio de Cultura en 2021 muestra una problemática latente en Ecuador, con un porcentaje de analfabetismo promedio de 8,6%, un promedio de lectura de un libro completo al año y un considerable porcentaje de población con problemas para leer por más de 15 minutos seguidos. Así, es evidente el deficiente desempeño del país con relación a sus pares de Latinoamérica y el Caribe.

Ecuador era uno de los pocos países de la región que no contaba con una encuesta orientada a los hábitos, prácticas y consumos culturales de la población, por lo que el Ministerio de Cultura y Patrimonio realizó en el 2021 la primera encuesta nacional enfocada a medir estos índices. Como “lo que no se mide no se administra”, esta encuesta es un paso importante hacia la promoción y el conocimiento de la cultura en el país, la cual no solo es necesaria para mantener y fortalecer las tradiciones, sino también juega un papel fundamental en la educación y creatividad de la población.

EL ANALFABETISMO NO TERMINA DE RESOLVERSE

Los resultados de la encuesta evidencian que, a pesar del esfuerzo, la alfabetización sigue sin abarcar a toda la población, siendo los rangos etarios de 5 a 11 años y de 65 años en adelante los de menor porcentaje de personas que saben leer y escribir, con 77,6% y 77,8%, respectivamente (Gráfico 1). Esto se debe en parte al rezago educativo existente en el país, el cual se refiere a la condición de atraso en la que se encuentran las personas que no tienen el nivel educativo que se considera básico dentro de los límites de edad

Gráfico 1

Alfabetismo por grupos de edad a nivel nacional

El Ministerio de Cultura y Patrimonio realizó una medición de la alfabetización más amplia que la del INEC, la cual toma en cuenta únicamente a las personas desde los 15 años en adelante. Consecuentemente, se evidencia un porcentaje mayor de analfabetismo, de 8,6% frente al 6% medido por el INEC.

Ambos porcentajes se alinean con el promedio de Latinoamérica y el Caribe de acuerdo con los datos publicados por la UNESCO; no obstante, representan un atraso con relación a países más desarrollados de la región, donde sociedades como la argentina o la uruguaya bordean el 99% de personas alfabetizadas.

EL ECUATORIANO LEE APENAS UN LIBRO AL AÑO

Los niveles de alfabetización son herramientas necesarias pero no suficientes en la promoción de la cultura y de la calidad de educación, por lo que el ministerio midió también de los hábitos de lectura de la población, su frecuencia y contenido. Los resultados muestran que 92% de los ecuatorianos lee en diferentes formatos, con un 76,7% de la población que lee con frecuencia diaria. Además, se evidencia que el celular se ha convertido en el medio de lectura más utilizado, con el 56,7%, seguido del material impreso con el 33,9% (Gráfico 2).

Gráfico 2

Porcentaje de cada herramienta de lectura

Las cifras reflejan que a partir de la emergencia sanitaria aumentó la frecuencia de lectura a nivel nacional, siendo las provincias de Santa Elena, Santo Domingo de los Tsáchilas y Tungurahua aquellas donde más se incrementó el porcentaje de personas que leen en diferentes formatos. 

Sin embargo, si bien existe un alto porcentaje de población que lee diariamente, Ecuador sigue siendo de los países latinoamericanos que menos libros al año lee, promediando un libro completo y dos incompletos anualmente, una cantidad sustancialmente menor a las registradas en Argentina y Chile, con 5,4 y 4,5 libros por año, respectivamente.

Esto se ve reflejado en el perfil del lector ecuatoriano, que muestra que solo 57,5% lee libros, 40,9% lee periódicos, y el 20,6% revistas. Además, existen problemas para mantener una lectura sostenida por más de 15 minutos seguidos, siendo el rango etario de 65 o más años el que registra mayor porcentaje de personas con esta problemática (26,9%), seguido del grupo de 35 a 64 años, con 22,7%. 

De acuerdo con un informe publicado por el Banco Mundial, este problema se ha agravado a partir de la pandemia del COVID-19, a la cual la califican como “la peor crisis de la educación y del aprendizaje de la que se tenga registro en la historia”, estimando que el 70% de los niños de hasta 10 años no puede comprender un texto simple, tasa que se incrementó en 18% respecto a la cifra pre-pandemia.

Incluso antes del COVID-19, la crisis mundial del aprendizaje era profunda, y debido a la misma, la pobreza de aprendizajes se ha mantenido estancada o ha empeorado en este período dependiendo del país. Se infiere que los cierres prolongados de escuelas y las estrategias desiguales de mitigación han empeorado la falta de igualdad en el aprendizaje de los niños, y se estima que podría provocar la pérdida de US$ 21 billones en ingresos a lo largo de la vida.

EL REZAGO EDUCATIVO AFECTA MÁS AL ÁREA RURAL

El desglose en los niveles de lectura y alfabetización muestra una brecha existente entre el campo y la ciudad, donde los porcentajes de lectura diaria difieren en más de 10% a favor del área urbana; así como también el porcentaje de alfabetismo favorece a la ciudad, con 93,5%, en comparación con el 86,8% del área rural (Gráfico 3)

Gráfico 3

Comparación de alfabetismo y lectura diaria entre el área rural y urbana

Existe cada vez más evidencia de que los niños provenientes de niveles socioeconómicos más bajos y otros grupos desfavorecidos están sufriendo mayores pérdidas de aprendizaje, siendo en el Ecuador las poblaciones indígenas, montubias y afro ecuatorianas las más afectadas.

Una vez caracterizadas las problemáticas en el ámbito educativo y de cultura, el Ministerio de Cultura y Patrimonio planteó lineamientos de política pública para la promoción lectora. 

Estableció que este es un proceso a lo largo de toda la vida, donde se involucra el gobierno nacional, los gobiernos locales, la empresa privada y la sociedad civil, por lo que para su desarrollo deberán lineamientos y trabajo coordinado con el Ministerio de Educación, la Senescyt, empresas privadas e instituciones que fomenten hábitos lectores y garanticen el acceso y la generación de contenidos a través de los GAD.

 (*) Jorge Pérez, analista económico Revista Gestión.

 

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