La dependencia económica, el peor efecto de la crisis en las mujeres

Secciones
Revista Gestion

La dependencia económica, el peor efecto de la crisis en las mujeres

Revista Gestión *
Septiembre 15, 2021 - 05:00

Los impactos socioeconómicos de la crisis sanitaria causada por el coronavirus no han afectado a hombres y mujeres por igual. Un estudio realizado por la Organización para la Promoción de la Economía Violeta (OPEV) en Ecuador muestra que 66% de las mujeres encuestadas perdieron su trabajo durante el confinamiento, y en el 63% de los casos el esposo o la pareja se hizo cargo de los gastos, evidenciando así un aumento de la dependencia económica. A lo que se suma el aumento indolente de la carga de las tareas del hogar y de cuidado sobre las mujeres.

El estudio “Pandemia y situación laboral de la mujer ecuatoriana” realizado por la Organización y Promoción de la Economía Violeta (OPEV) presenta datos cuantitativos sobre la situación de las mujeres antes de la pandemia, durante la pandemia y actualmente. Los datos fueron recolectados a través de encuestas presenciales a 600 mujeres ecuatorianas de nivel socioeconómico medio típico y medio bajo, de las ciudades de Guayaquil, Quito y Cuenca que tenían un empleo formal al momento que inició la emergencia sanitaria.

LA VIDA LABORAL DE LAS MUJERES EN LA REGIÓN

El bajo crecimiento económico y el aumento de la pobreza son indicadores de la crisis social y económica de la región que estaba latente antes de la pandemia. Según el estudio de la OPEV, del 2014 al 2019, el porcentaje de pobreza extrema en América latina aumentó de 7,8% a 11,3% de la población y la pobreza de 27,7% a 30,5%. Dentro de este contexto, la pandemia golpeó fuertemente a la región, especialmente a los grupos más vulnerables como las mujeres. El informe “Panorama Social de América Latina y el Caribe 2020”, estima que el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones más que el año anterior.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la fuerte contracción económica está afectando negativamente, y en gran medida, a la población femenina, pues en niveles de participación laboral hay un retroceso de una década. Para marzo de 2021, la Organización Internacional de Trabajo (OIT) reportó que en América Latina y el Caribe 13 millones de mujeres perdieron su empleo, además de las 12 millones de mujeres que ya estaban desempleadas antes de la pandemia.

El impacto más fuerte a las mujeres se debe a la alta participación femenina en sectores los económicos más afectados (turismo, manufactura, trabajo doméstico remunerado, salud y educación). Además, hay una sobrerrepresentación de las mujeres en el sector informal, pues según la OIT este afecta a 1 de cada 2 mujeres en la región.

Las afectaciones se agudizan para las mujeres que tienen niños pequeños. De acuerdo con la investigación presentada por Bridge The Gap Latam, consultora especializada en género, durante el periodo de confinamiento 62,4% de las mujeres en Latinoamérica con hijos declaró haber visto, en gran medida, afectada su productividad laboral.

El estudio de la OPEV identifica que los impactos socioeconómicos de esta crisis no han afectado por igual a hombres y a mujeres. En el hogar se evidencian claramente las desigualdades de género, pues las tareas de cuidado recaen principalmente en las mujeres.

Este trabajo no remunerado de tareas domésticas y cuidado genera menos oportunidades laborales para las mujeres, por lo que cuentan con menores ingresos, acceso a seguro de salud y, por lo tanto, las vuelve más vulnerables. De acuerdo con la OIT, las mujeres realizan  76,2% de todo el trabajo de cuidados no remunerado, dedicándole 3,2 veces más tiempo que los hombres. La pandemia, además, ha demostrado que el confinamiento, el estrés, la frustración y la presión económica pueden ser detonadores de violencia.

LA VIDA LABORAL DE LAS MUJERES EN ECUADOR

Las mujeres ecuatorianas, en comparación con los hombres, han sido las más golpeadas por la crisis. Según las cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), la tasa de desempleo en diciembre de 2020 fue de 6,8% para mujeres y 3,6% para hombres. En contraste con diciembre del 2019, que se ubicó en 4,6% para mujeres y 3,3% para hombres. La diferencia entre hombres y mujeres en el 2019 era de 1,4% mientras que en el 2020 fue de 3,2%, más del doble (Gráfico 1). A pesar de que el país presenta una reactivación económica paulatina, para julio del 2021, el porcentaje de mujeres desempleadas subió a 7,1% y a 3,8% para hombres.

Gráfico 1

Desempleo en hombres y mujeres (2007-2021)

 

El mercado laboral ecuatoriano se compone, en gran medida, por personas que se encuentran en el subempleo. El INEC define a las personas subempleadas como aquellas que percibieron ingresos inferiores al salario mínimo y/o trabajaron menos de la jornada legal y tienen el deseo y disponibilidad de trabajar horas adicionales. En el caso del subempleo, las cifras del INEC indican que a partir de la crisis sanitaria y socioeconómica, la diferencia entre el número de hombres subempleados y mujeres aumentó considerablemente.

Desde diciembre del 2007 hasta inicios del 2020, las tasas de subempleo entre hombres y mujeres no diferían en gran medida. Sin embargo, para febrero de 2021, la diferencia entre hombres y mujeres es de 6,78%, los hombres presentan altas tasas de subempleo con respecto a las mujeres. Y para julio de 2021, 25,9% de los hombres estaban subempleados y 22,7% de mujeres. Esta diferencia se puede explicar por el incremento del desempleo de las mujeres durante la pandemia, lo cual se evidencia con los resultados del estudio de la OPEV que se presentan más adelante.

Gráfico 2

Subempleo en hombres y mujeres (2007-2021)

 

 

Con respecto a la diferencia de ingresos, en julio de 2021 el ingreso laboral promedio de un hombre con empleo fue de $ 350,4, mientras que para una mujer fue de $ 248,3, la cifra más baja en lo que va del año, lo que deriva en una brecha salarial de género de 41,12%.

Además de las condiciones de desigualdad en el mercado laboral, se presentan mayores índices de acoso, de acuerdo con datos obtenidos del Ministerio de Trabajo en el 2020 que reflejaron que 20% de las mujeres son acosadas en sus trabajos y 97% de ellas no presentan denuncia alguna.

A causa de la pandemia, se ha implementado al teletrabajo. En esta modalidad, las mujeres de menores ingresos enfrentan un doble obstáculo: la falta de autonomía económica y la brecha de acceso a internet. De allí que se vuelve necesario tener en una mayor precisión en la legislación para regular el teletrabajo en el país. El acuerdo ministerial 181 del Ministerio de Trabajo establece que la jornada no puede exceder las 8 horas diarias, ya que para las mujeres el teletrabajo ha ocasionado una sobrecarga de tareas debido al desequilibrado peso de las labores del hogar y de cuidados.

LAS MUJERES EN SITUACIONES MÁS VULNERABLES

El estudio de la OPEV tuvo como objetivo identificar cómo están impactando las nuevas formas de trabajo en el desequilibrio de los roles de cuidado y labores domésticas que existen entre hombres y mujeres y entender cómo esto puede incidir en la participación de las mujeres en el mercado laboral.

Durante el confinamiento, únicamente 34% de las mujeres encuestadas mantuvo el trabajo que tenía, de ellas, 48% fueron despedidas y 18% tuvo que renunciar, es decir, 66% perdió el empleo. De las mujeres que tuvieron que renunciar, 51% lo hizo por miedo al contagio y 26% por tener que asumir las responsabilidades de cuidado. De las mujeres que lograron mantener su trabajo, 2 de cada 10 utilizaron sus vacaciones durante la pandemia para dedicar tiempo a las tareas del hogar.

Con respecto al estado emocional, 90% de las mujeres entrevistadas respondió que su estado emocional era positivo antes de la pandemia, y el 10% que su estado emocional era negativo. Durante el confinamiento, por otro lado, 26% tuvo estados emocionales positivos y 74% negativos. La crisis económica de las familias y el confinamiento tuvo fuertes implicaciones en la salud mental de los hogares, y especialmente de las mujeres, pues se enfrentan a sobrecargas de trabajo no remunerado y hay una sobreexposición a situaciones de violencia. 

¿CÓMO CUBREN LOS GASTOS LAS MUJERES QUE PERDIERON SU TRABAJO?

Al perder el trabajo durante el confinamiento, los gastos de las mujeres entrevistadas se debieron cubrir de alguna manera. El estudio presenta que en 63% de estos casos, el esposo o pareja se hizo cargo de los gastos, lo que muestra una fuerte dependencia económica de las mujeres hacia los hombres del hogar (Gráfico 3). 

Gráfico 3

¿Cómo cubren los gastos las mujeres que perdieron su trabajo durante el confinamiento?

 

La situación actual es aún desalentadora. El 48% de las mujeres continúa sin trabajo, el 35% lo mantuvo y el 18% tuvo que renunciar. Las parejas o esposos de las mujeres, ahora cubren 73% de sus gastos (Gráfico 4), lo que representa un aumento de 10% respecto a los tiempos durante el confinamiento.

Gráfico 4

¿Cómo se cubren los gastos de las mujeres que perdieron su trabajo actualmente?

 

Además, la pérdida de trabajo tuvo repercusiones también en el aumento de tareas y labores del hogar. El 47% de las mujeres tuvo que dedicarse exclusivamente al trabajo no remunerado de cuidados. El 29% intentó realizar un emprendimiento y el 24% buscó trabajo.

La independencia económica es crucial para lograr equidad entre hombres y mujeres. Tener ingresos propios mejora su condición y poder de decisión en el hogar y en la comunidad, reduce el riesgo de las mujeres y de sus familias de seguir en la pobreza, recurrir al trabajo infantil o verse atrapadas en el trabajo forzoso. Los datos del estudio evidencian la mayor vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres en el país, las repercusiones de la pérdida de empleo, además de la mayor dependencia económica que tiene consecuencias fuertes sobre su salud mental, desempeño personal y posibilidades de salir de situaciones de pobreza o limitaciones económicas.

POLÍTICAS CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

La OPEV concluye que la crisis económica originada por el covid-19 pone en juego la autonomía económica de las mujeres, la calidad de vida por la carga excesiva del tiempo total de trabajo (remunerado y no remunerado), el pleno goce de sus derechos, y se profundiza la normalización de que las mujeres se ocupen de las labores del hogar y cuidados. El hecho de que siga siendo una tarea exclusiva de las mujeres, las aleja de oportunidades de desarrollo pleno, generando escenarios de vulnerabilidad. 

Por esto, es fundamental el buen manejo de políticas (pública y privada) para lograr mitigar las consecuencias más fuertes en las mujeres. Las prioridades actuales del Gobierno con relación a las mujeres deben estar relacionadas con el objetivo de mejorar la prosperidad del país.

Los problemas a combatir en el país con respecto a la desigualdad de género son algunos y son urgentes. Por ejemplo, la corresponsabilidad en las tareas del hogar, la falta de apoyo a madres jóvenes y familias monoparentales, falta de guarderías asequibles para mujeres en situación de vulnerabilidad y la brecha salarial de género. Dentro del plan de gobierno de Lasso, se encuentra como prioridad la igualdad salarial, impulsar la corresponsabilidad en la crianza de los hijos, educación integral para prevenir la violencia de género, entre otros.

Los 100 primeros días de gobierno no presentan avances en cuestiones de género. Se debe priorizar una reactivación económica sostenible y con igualdad, sino se corre el riesgo de que las mujeres se queden atrás en los esfuerzos de recuperación, recrudeciendo aún más las desigualdades de género existentes.

 

(*) Elaborado por Maí Suárez, redacción Revista Gestión.

 

 

Si va a hacer uso de este artículo, por favor cite la fuente original. Artículo de información (I).

Encuentre contenido relacionado en nuestro archivo histórico:

El sueño de la casa propia es inalcanzable para las mujeres pobres

El mercado laboral desplaza a las mujeres mientras su carga doméstica crece

El COVID, un huracán que arrasó con el empleo y la formalidad laboral

Las mujeres tienen más educación, pero ganan menos y trabajan más

El subempleo y la informalidad crecen aceleradamente, no así el empleo pleno