¿Se necesitan más impuestos regresivos?

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¿Se necesitan más impuestos regresivos?

Agosto 14, 2019 - 06:00

Un posible aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un tema discutido en la coyuntura actual. Aunque las autoridades políticas aseguran que esa medida no está entre los planes del Gobierno, otros argumentan que es un tema inminente tras los compromisos pactados con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El incremento de un impuesto de carácter regresivo como este afectaría sobre todo a los estratos más vulnerables de la sociedad, pues merma su capacidad de consumo y ahorro, además de afectar y contraer la demanda en su totalidad. El incremento del IVA puede no ser el mecanismo adecuado cuando se trata de ampliar la recaudación fiscal, en el marco de equilibrar el desbalance que existe en las finanzas públicas nacionales.

La suscripción por parte del Estado ecuatoriano de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en marzo pasado supone una serie de reformas económicas que deben cumplirse con el fin de sanear las cuentas fiscales y generar seguridad y confianza a las empresas extranjeras que deseen invertir. Como parte de estos compromisos, el multilateral en su Staff Report, tras la primera revisión a las metas del Ecuador hace pocas semanas, especificó que una reforma tributaria debe priorizar los impuestos indirectos, como IVA y el Impuesto a los Consumos Especiales (ICE), además de “la reducción de exenciones y el trato preferencial”.

Sin embargo, el costo político de subir el IVA puede ser severo y antes debería lograr consenso en la Asamblea Nacional, tarea harto difícil en estos momentos de desencuentros entre las distintas bancadas.

 

EL IVA GENERA CASI $ 4.000 MILLONES EN LO QUE VA DEL AÑO

Actualmente, el IVA es el mejor y más efectivo método recaudatorio implementado por el Servicio de Rentas Internas (SRI). En los primeros siete meses del año, aportó con 45,16% de las recaudaciones totales, esto quiere decir que se obtuvieron alrededor de $ 3.959 millones hasta julio de 2019. Este tributo incluso supera al Impuesto a la Renta (IR) que captura también un importante 35,86% del total (Gráfico 1).

Cabe mencionar que la estructura impositiva nacional maneja 10 gravámenes diferentes, que en el periodo de enero-julio 2019 han recaudado un total de $ 8.768 millones, siendo un importante rubro de financiamiento del gasto corriente y de los proyectos de inversión del Estado.

Gráfico 1

Recaudaciones 2019 por impuesto

 

EL IVA, UN IMPUESO REGRESIVO

El IVA se grava al valor de las transferencias que se realizan localmente o a las importaciones de bienes muebles durante todas sus etapas de comercialización. Entonces, es un impuesto que afecta directamente a los consumidores, pues son quienes asumen el 12% extra de la transacción, más no el vendedor. Se enmarca en los tributos de carácter regresivos, que son aquellos que recaudan un menor porcentaje de los ingresos, a medida que el individuo percibe más renta, y representa una mayor carga para las familias de bajos estratos socioeconómicos. Esto sucede al contrario de un impuesto progresivo, que supone recaudar más de quienes mayor riqueza poseen, como el IR o los impuestos prediales.

En otros términos, los impuestos regresivos afectan en mayor medida a individuos en situaciones económicas vulnerables, frente a estratos con mayor solvencia financiera. El IVA no tiene un efecto en la redistribución de la riqueza, por el mero hecho de que afecta al consumo, y todas las familias deben satisfacer sus necesidades mediante la adquisición de diversos bienes y servicios. Si el impuesto es muy alto, puede incluso agrandar la brecha de desigualdad.

Entendiendo los impuestos regresivos, se debe tener en consideración que las personas con menores ingresos deben destinar una mayor parte de su salario a la compra de bienes de primera necesidad – como alimentos, higiene, transporte- mermando su capacidad de ahorro; el IVA que adeudan representa un porcentaje más alto de sus ingresos.

Para ejemplificar el caso, supongamos que tenemos dos individuos (A y B) que mantienen un nivel de ingresos mensuales diferentes, lo que significa que también destinan un porcentaje distinto a cada consumo. Si se tiene menos ingresos, se puede ahorrar menos, pero aun si el individuo B consume casi cuatro veces más que A, el sujeto A paga un peso relativo mayor de IVA que B en alrededor de 2,4%.

La mayoría de ocasiones, las familias con ingresos reducidos cancelan el 100% del pago de bienes y servicios, mientras que los estratos altos pueden ahorrar, dado que consumen menos del 80% de su salario, dependiendo de la capacidad de ahorro y el consumo que efectúen periodo tras periodo.

Tabla 1

El cobro del IVA de acuerdo a los ingresos y al consumo

 

EL ESCENARIO DEL 15%

Si es que los tomadores de política pública deciden, en efecto, aumentar el IVA en algo como 15% con la finalidad de aumentar la recaudación, los efectos pueden ser nocivos para los consumidores, sobre todo para aquellos los quintiles más bajos. Y si es que la finalidad es incrementar la recaudación, el objetivo puede estar lejos de ser cumplido dado que si existe un aumento de 3% en los precios, la demanda se contraerá, generando una reducción del consumo por parte de las familias, lo que incidiría directamente en los montos recolectados de IVA por parte del SRI. Es decir, sería contraproducente; si es que la demanda se contrae, la oferta –empresas- también sufrirían por su producción, que se vería obligada a reducirse por la falta de incentivos a consumir más.

Entonces, no existe una relación directa entre el aumento del IVA y de las recaudaciones, es más, la dinámica puede ser incluso inversamente proporcional, es decir, entre mayor el impuesto, menor la recaudación. Esto sin tomar en cuenta otros temas sociales y económicos, como la severidad de la política impositiva ante el quintil más pobre, la ampliación de la brecha de riqueza, la pérdida de capacidad de ahorro de las familias de la clase media, entre otros. Si es que se mantiene una necesidad de liquidez y financiamiento para la caja fiscal nacional, entonces los tributos deben estar focalizados, mediante el desarrollo de impuestos progresivos, que generen efectos redistributivos.

 

EL POTENCIAL IMPACTO EN LA CANASTA FAMILIAR

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) define a la Canasta Familiar Básica (CFB) como el conjunto de bienes y servicios que son imprescindibles para satisfacer las necesidades básicas de un hogar conformado por cuatro miembros, de los cuales 1,6 son receptores del Salario Básico Unificado (SBU). El cálculo de la CFB se realiza en las nueve ciudades más representativas del Ecuador, y es útil para conocer la evolución de los precios a medida que pasa el tiempo, además de establecer una relación entre las remuneraciones y la inflación.  La CFB se compone de cuatro subgrupos (alimentos, vivienda, indumentaria y misceláneos) con un total de 27 productos y servicios. Para julio de 2019 el coste de la misma ascendió hasta los $ 715,74 a nivel nacional, con 32% destinado a alimentos, 27% a vivienda, 7% a la indumentaria y el 34% restante a misceláneos.

Un incremento del un 3% en toda la CFB representaría el encarecimiento en términos absolutos de más de $ 21,47 mensuales de la canasta, que alcanzaría un precio de $ 737,21; esto solo utilizando los bienes y servicios que constan en la CFB, a pesar de que existen muchos otros rubros que son consumidos cada mes (Tabla 2).

El ingreso familiar estipulado es de $ 735,47, lo que bajo este escenario se traduciría en que una familia promedio gastaría más de los ingresos que percibe. Las implicaciones que esto traería son la pérdida total de la capacidad de ahorro, el incremento de endeudamiento de las familias en términos del gasto corriente, para poder adquirir todos los bienes y servicios que necesita, entre otros.

Tabla 2

CFB ante una potencial subida del IVA

 

Finalmente, el incremento del IVA siempre afectará en primera instancia a los consumidores, luego a las empresas e industrias por el achicamiento de la demanda. Además, vulnera a los estratos sociales bajos, pues una mayor parte de sus ingresos se destina al consumo de bienes y servicios necesarios; mientras que las familias con mayor renta, pueden afrontar este incremento sin alterar su capacidad de ahorro. De allí que el debate debería ir más allá de las metas recaudatorias, pues hay que sanear las cuentas fiscales de manera integral y sostenible, sin afectar tan drásticamente a las familias y empresas.

Por: Eduardo Cobos, redacción Revista GESTIÓN.

 

 

 

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