Nuevas pandemias vendrán si los bosques y ecosistemas se destruyen

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Nuevas pandemias vendrán si los bosques y ecosistemas se destruyen

Juan Carlos González T. *
Abril 21, 2021 - 05:00

Se cree que existen aproximadamente 1,7 millones de virus no descubiertos en la actualidad en huéspedes mamíferos y aves. De estos, de 540 mil a 850 mil podrían tener la capacidad de infectar a los seres humanos”. Esto es parte de los datos que alertan a la humanidad en el último reporte científico de IPBES, Plataforma Intergubernamental en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos,  cuyos datos se presentan a continuación.

El informe afirma que todas las pandemias conocidas tienen origen animal (influenza, sida, COVID-19), asi como el 70% de las enfermedades emergentes (ébola, zika, etc.). Y si las pandemias surgen de la diversidad de microbios en la naturaleza, el consumo no sostenible y la destrucción de la naturaleza nos conducen a ellas.

Los reservorios más importantes de patógenos con potencial pandémico son los mamíferos (en particular murciélagos, roedores, primates) y algunas aves (en particular aves acuáticas), así como el ganado (por ejemplo, cerdos, camellos, aves de corral). Las pandemias ocurrían una por cada 100 años, pero los últimos 100 años hemos tenido seis. Los orígenes de todas estas enfermedades emergentes están en el cambio de uso del bosque, en su destrucción por deforestación.

 

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La ganadería es la principal causa del cambio de uso de bosque. El aumento en el consumo de carne ha causado mayor destrucción de hábitats, fuegos (como los de hace un año en Brasil, Bolivia, Argentina y Paraguay), cambio climático y enfermedades emergentes. Esto ha llevado a poner impuestos para reducir el consumo de carne y financiar la vigilancia y la protección para saber de dónde viene esa carne. Sin embargo, estos esfuerzos aún son limitados.

EVITAR LAS PANDEMIAS CUESTA MENOS QUE SUS CONSECUENCIAS

Las pandemias y enfermedades emergentes han causado pérdidas enormes. Algunos cálculos del informe se presentan a continuación. En África Oeste, el ébola produjo pérdidas por 53 mil millones de dólares. El PNUD calculó para el 2017 que el costo del zika en América del Sur y el Caribe fue entre 7 y 18 mil millones de dólares entre 2015 y 2017.

El Asian Development Bank sugiere que, por el distanciamiento social y restricciones de viajes en tres a seis meses se perdería entre 5,8 a 8,8 millones de millones de dólares (trillones), o entre el 6,4 a 9,7% del ingreso mundial. Si se espera la vacuna para la mayoría de la población el último cuarto del año 2021, el costo puede llegar a los 16 trillones de dólares. Y si se calcula el costo de las demás pandemias como SARS, ébola y otras más, el costo excede de 1 trillón anual.

Estos costos son similares a los del cambio climático y se pueden usar para programas de conservación. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, organismo de cooperación internacional, compuesto por 37 Estados) estimó que el costo de estrategias para prevenir pandemias está entre los 22 y 31,2 billones de dólares, y estas pueden reducirse a 17,7 y 26,9 billones si los beneficios de reducción de deforestación y secuestro de carbono son calculados. En cualquier caso, mucho menos del trillón anual que se calcula.

La conservación de la naturaleza, en especial en los países de alta biodiversidad, podría afectar justamente a países más pobres por la reducción de las opciones de cambio de usos del bosque. Esto debe ser calculado y compensado adecuadamente. Se calcula que reducir el riesgo de nuevas pandemias a través de un mejor manejo de los recursos naturales puede costar 1 o 2 veces menos que los daños económicos de las pandemias, afirma el Informe de IPBES.

URGE REVER EL USO DE LA TIERRA

El cambio de uso de la tierra y el cambio climático son dos de los cinco vehículos de la pérdida de biodiversidad. De 1992 a 2015 la agricultura incrementó su área en 3% (35 millones de hectáreas) y la mayoría en bosques tropicales. Al 2015, más de 70% de la superficie global (no congelada) de nuestro planeta había sido afectada por algún tipo de uso humano. El 12% se convirtió en cultivos, el 37% a pastos, el 22% a plantaciones forestales manejadas. La superficie con mínimo uso humano se compone de 9% de bosque intacto, 7% de ecosistemas naturales sin bosque, 12% de tierras rocosas o desiertos. El cambio de uso de la tierra podría ser el causante de más del 30% de las enfermedades emergentes infecciosas.

 

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Al momento, más del 50% de la población mundial reside en ciudades y al 2050 esto podría llegar al 70%. A pesar de parecer seguras, no lo son. Las ciudades pueden ser el hábitat de una serie de portadores de enfermedades infecciosas.

El cambio climático es un vehículo muy potente para enfermedades infecciosas emergentes, sin duda. El calentamiento de 2 grados más al año 2.100 podría hacer perder especies de insectos, de especies vertebradas y de plantas.

Otro tema importante es el consumo de carne de animales salvajes, que tiene relación directa con pandemias. Se estima que el comercio internacional legal de vida silvestre se incrementó en 500% desde 2005 o 2.000% desde 1980. El comercio ilegal, en cambio, puede alcanzar entre 7 y 23 mil millones de dólares al año, esto es el 25% del comercio legal.

 

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HAY QUE PROTEGER LOS BOSQUES Y SEMBRAR MÁS ÁRBOLES

Estos son algunos de los datos del informe de IPBES que presentan la situación actual, y sitúan a la humanidad en la encrucijada de conseguir el desarrollo sostenible sin afectar más a aquellos últimos grandes ecosistemas naturales, pero 150 millones de hectáreas de bosques fueron deforestadas en los últimos 30 años en América Latina, y Ecuador contribuyó con 2 millones.

La conservación de los bosques y los ecosistemas naturales ya no es solo un pedido de grupos ecologistas, sino que debiera de ser la consigna de todos, más aún luego de vivir más de un año de confinamiento con la secuela de pérdida de vidas, de trabajo y de fuentes de ingresos.

Las comunidades que tengan ecosistemas naturales saludables podrán hacer frente al cambio climático y a enfermedades de mejor manera. La mejor estrategia para ser más resilientes es proteger los bosques y sembrar más árboles.

 

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Sin embargo, se sigue produciendo con base en prácticas no sostenibles. El uso indiscriminado de químicos (que también emiten gases de efecto invernadero) para mejorar la productividad o resistencia a enfermedades contamina el suelo y el agua. Los monocultivos siguen prefiriéndose a la posibilidad de tener cultivos asociados que se apoyen a mejorar los rendimientos, y no existen reales condiciones para que los productores orgánicos o sostenibles tengan mejores condiciones para su producción o comercialización.

EL FINANCIAMIENTO AGRÍCOLA DEBE ENFOCARSE MEJOR

Solo el 1% de las empresas a nivel mundial tiene algún tipo de práctica concreta para apoyar esfuerzos de producción sin deforestación. La gran mayoría de empresas sigue buscando materias primas baratas, sin importarles cómo las producen o si han deforestado para obtener esos productos.

En el país además existe un fuerte incentivo financiero que apoya a los agricultores y ganaderos a través de crédito y que no toma en cuenta dónde o cómo se realizarán las nuevas inversiones. De acuerdo con cifras del Banco Central, BanEcuador otorgó $ 246 millones de dólares en créditos en el año 2020. De ellos, $ 116 millones fueron al sector pecuario, y $ 108 al agrícola. La Corporación Financiera Nacional otorgó $ 8 millones de dólares al sector pecuario, $ 23 millones al agrícola. A esto debe sumarse el monto otorgado por el sistema financiero privado. Según la Superintendencia de Bancos, se otorgaron $ 89 millones de crédito al sector pecuario y $ 229 millones al sector agrícola. Finalmente, la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria señala que el crédito al sector pecuario de sus afiliados llegó a $ 44 millones, y al sector agrícola $ 80 millones.

Quiere decir que el sector pecuario recibió $ 257 millones y el agrícola $ 440 millones. Un total de casi $ 700 millones para el agro. Buenas prácticas bancarias implicarían financiar solamente aquellas actividades que se den en zonas previamente utilizadas en cultivos y eliminar crédito para actividades de incremento de la frontera agrícola. Sin embargo, esto no se da en la práctica. La información que se solicita en los formularios de crédito tanto para individuos como para personas jurídicas o asociaciones no pregunta si los nuevos cultivos o las nuevas cabezas de ganado requerirán nuevas áreas a costa del bosque.

 

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EL REORDENAMIENTO DEL USO DE SUELO, UN ANHELO LEJANO

Estamos también muy lejos de un verdadero ordenamiento del uso del suelo. En el estado de Pará, en Brasil, se ha trabajado por más de cinco años en un proyecto que permita zonificar las áreas y regular el porcentaje de uso de los predios. El “enfoque jurisdiccional” trata de que estas áreas delimitadas puedan crecer su PIB local sin deforestación. Dependiendo de la zona, puede usarse un porcentaje de nuevas áreas de bosque a cambio de la restauración de otras. El resultado es el crecimiento económico de estas zonas y la reducción de las tasas de deforestación.

En la Amazonia del Ecuador se está discutiendo el nuevo Plan Integral Amazónico que regirá las acciones de la Secretaría Técnica de la Amazonia. Esta entidad recibe un porcentaje de los recursos de los proyectos mineros y petroleros que están en esta región. En los años anteriores manejó más de $ 60 millones de dólares por año, una cantidad que supera a cualquier proyecto de conservación o de desarrollo. Anteriormente se hicieron muchos proyectos de construcción de pequeñas infraestructuras y no ha logrado convertirse en un dinamizador de alternativas productivas, por ejemplo, la bioeconomía.

Lo cierto es que continuar haciendo las cosas de la misma forma en la que las hemos hecho, seguirá produciendo los mismos resultados para el ambiente: deforestación, agotamiento de los recursos, calentamiento global… El crédito debe hacer ajustes en su política de otorgamiento, las empresas e industrias deben buscar proveedores de materia prima incorporando la sostenibilidad, los Gobiernos Autónomos Descentralizados son un actor importantísimo para regular el uso y gestión del suelo, y para imprimir un enfoque más integral y sostenible de sus competencias.

 

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Si seguimos haciendo carreteras que se internan cada vez más en la Amazonia (como lo hace Brasil o Perú y también nosotros), la accesibilidad garantizará el cambio de bosque por cultivos y en especial por pastos. No hay nada que lo impida y nadie se responsabiliza.

HACER LAS COSAS DE MANERA DIFERENTE

Que luego de la vacunación masiva, que debe ser sin dudas la primera política del nuevo gobierno, la economía no se recupere para hacer lo que antes hacíamos. Esta pandemia debe forzarnos a hacer las cosas de manera diferente: tomando en cuenta el cuidado ambiental, la búsqueda de mercados más inteligentes, reducir al máximo la huella de nuestras acciones y de nuestra producción. Y finalmente que esto sea a favor de la reducción de la desigualdad social.

Que los rendimientos y nuevos mercados apoyen a los campesinos y a los productores a lograr mejores ingresos económicos. Por lo tanto, la vacunación, el cuidado ambiental y de los bosques, y la reducción de la pobreza deberán ser las prioridades post pandemia, deben ser el denominador común del nuevo gobierno.

 

(*) Economista.

 

 

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