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Autor: BBVA *

Hay meses en los que el presupuesto familiar no cuadra y el equilibrio económico que nos habíamos esforzado tanto por conseguir se desbarata: gastamos más de lo que ingresamos o más de lo que habíamos previsto. Si habíamos planificado bien, contaremos con cierto margen de maniobra y tendremos un fondo para emergencias. Pero, si la situación se repite con cierta frecuencia, corremos el riesgo de poner en peligro nuestra salud financiera y, con ello, nuestra calidad de vida.

En un momento como el actual, en el que el ahorro es difícil, se hace más necesario aún evitar estos desequilibrios inesperados. Es el momento de buscar a los ‘culpables’. Puede que todo sea consecuencia de algún gran gasto necesario e imprevisto o incluso de un cambio en nuestra situación personal que nos obligará a crear un nuevo presupuesto ajustado a nuestras nuevas circunstancias. Pero lo más frecuente es que se deba a uno de los grandes ignorados de las finanzas personales: los gastos superfluos.

¿QUÉ SON LOS GASTOS SUPERFLUOS?

“Son los gastos que se realizan para adquirir productos de lujo o suntuarios o claramente innecesarios”, explica Francisco Joaquín Cortés García, profesor en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Este tipo de gastos, que en muchas ocasiones nos proporciona mayor calidad de vida, es también el responsable de que otras veces se desequilibre la balanza de nuestras finanzas, porque “no tenemos capacidad para distinguirlos en el momento en que se producen”. Es decir, en el último momento, un poco por impulso, decidimos comer fuera o pedir comida, comprar ese nuevo teléfono en el que estamos pagando sobre todo por la marca, suscribirnos a un nuevo servicio de ‘streaming’ que olvidamos cancelar.

Algunos de estos gastos suponen cantidades muy reducidas. Son los denominados “gastos hormiga”, esos pequeños desembolsos que hacemos sin darnos cuenta y que, según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros de México (CONDUSEF) pueden llegar a representar entre el 9 y el 12 % de los ingresos. Si no están contemplados en el presupuesto (o, lo que es peor, no tenemos uno), alcanzar nuestros objetivos de ahorro será más complicado.

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CÓMO IDENTIFICARLOS

El primer paso para evitar mayores daños es identificar esos gastos. Lo ideal sería darnos cuenta antes de entregar la tarjeta y no dejarnos llevar por el impulso, pero esto a menudo resulta complicado. Como explica Ann-Christine Duhaime, investigadora en Harvard que ha estudiado por qué los humanos tendemos a querer siempre más en su libro ‘Minding the Climate: How Neuroscience Can Help Solve Our Environmental Crisis’, “estamos predispuestos a tratar de adquirir más y más cosas, y a trabajar menos para conseguirlas”. 

Cuando obtenemos alguna recompensa inesperada, segregamos dopamina y nos sentimos mejor, y por eso nos gusta tanto comprar. Es a posteriori cuando resulta más sencillo detectar esos gastos innecesarios en los que hemos caído.

Para hacerlo, Cortés García recomienda revisar los extractos de la tarjeta y los 'tickets' del supermercado, por ejemplo. En ese momento, ya “lejos de reclamos publicitarios” y de esa promesa de dopamina, será más sencillo realizar un análisis. “Son gastos que no estaban planificados en el presupuesto familiar y que no están relacionados con la salud, la formación o el bienestar. Tenemos que distinguir entre lo que queremos y lo que necesitamos”, detalla.

¿Significa esto que debamos limitarnos a gastar únicamente lo imprescindible, es decir, los gastos fijos indispensables para vivir (vivienda, luz, agua, comida)? “Los límites son muy borrosos”, concede el experto. “Por ejemplo, ¿ir al cine es superfluo? Porque también contribuye al bienestar y contribuye a fomentar la cultura dentro de la familia”, explica. Ocurre lo mismo con actividades como comer fuera, algo que sí puede ser superfluo “cuando el presupuesto familiar no lo permite” o cuando no se había planificado.

La clave está en encontrar el equilibrio y, sobre todo, no caer en ese tipo de gastos —ahora que los hemos detectado y sabemos cuál es nuestro talón de Aquiles— tan a menudo o si están dificultando que lleguemos a fin de mes. “Habría que comparar y reducir la frecuencia, o eliminarlos en momentos especialmente complicados”, indica Cortés García.

El  profesor de la Universidad de la Rioja insiste también en la importancia de realizar un presupuesto familiar trimestral o semestral e ir revisando con frecuencia si se está cumpliendo o no. En caso de que no se cumpla, estos gastos superfluos son una categoría que es importante reducir o eliminar.

Se trata, en definitiva, de realizar una buena planificación e ir revisándola, analizando a posteriori qué gastos nos podríamos haber ahorrado. Tenerlos presentes ayudará a que nos demos cuenta a tiempo la próxima vez que tengamos la tentación de incurrir en ellos.

(*) Este artículo se publicó originalmente en: https://www.bbva.com/es/salud-financiera/que-son-los-gastos-superfluos-y-como-identificarlos/.

 

Last modified on 2023-10-14

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