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“Ahora que ya te has vacunado, ¿estás inmunizado? Hazte un test para averiguarlo”.

Este es el mensaje que están lanzando distintos laboratorios para darle una segunda vida a los test de anticuerpos. De este modo invitan a “medir” nuestra inmunidad al virus tras la vacuna. O a despejar la duda: ¿habré pasado la Covid y puedo no vacunarme?

Incluso hay laboratorios que para su publicidad recurrieron a un inquietante “¿Te han vacunado bien?” que irritó a los profesionales de enfermería. “No siembren dudas sobre la vacunación para vender sus pruebas ni mucho menos pongan el foco sobre el acto de vacunación o quienes lo llevan a cabo”, pedía el Consejo General de Enfermería.

Los test de anticuerpos, también conocidos como test serológicos o test rápidos (no deben confundirse con los test de antígenos), se utilizan para detectar los anticuerpos generados por nuestro sistema inmunitario para neutralizar el SARS-CoV-2 tras haber pasado la infección, o los generados en respuesta a la vacunación.

Aunque tienen cierta utilidad en estudios seroepidemiológicos, como el estudio ENECOVID desarrollado en España, y en alguna otra situación, su interés en la infección activa es muy limitado. Pese a ello, en España tuvieron una primera (y controvertida) vida durante el año pasado al ser usados –digamos de forma poco ortodoxa– por algunos ayuntamientos y algunas comunidades autónomas. Algo similar ocurrió tras la autorización a finales de 2020 para su realización en las farmacias comunitarias.

Sorprendentemente, la vacunación les ha dado una segunda vida, no menos innecesaria que la primera.

Por que es innecesario (y contraproducente) hacer test serológicos para verificar si estamos inmunizados

Existen varios argumentos para prescindir de los test serológicos en las personas vacunadas:

  1. La respuesta inmunitaria es compleja y los anticuerpos son sólo una parte de esa respuesta. Se puede mantener una inmunidad muy robusta frente al SARS-CoV-2 teniendo anticuerpos indetectables (sobre todo, con test rápidos) o con títulos muy bajos. De hecho, los títulos de anticuerpos irán decayendo a lo largo del tiempo mientras la protección inmunitaria se mantiene gracias a los linfocitos T, responsables de la inmunidad celular.

  2. La situación contraria también es posible. Aunque los anticuerpos sean un indicador de respuesta inmunitaria, tener anticuerpos detectables no excluye la posibilidad de infección, como estamos viendo estos días con las infecciones en vacunados (en su mayoría leves). La efectividad de las vacunas, aún extraordinariamente elevada, no es absoluta. Y se comportan mejor frente al desarrollo de cuadros graves que frente a la infección.

  3. En este momento no disponemos de estudios que establezcan la correlación y los “puntos de corte” que implican protección en función de los títulos y tipos de anticuerpos frente al SARS-CoV-2. Hay estudios en marcha en este sentido, pero con la intención de encontrar parámetros que puedan servir para acortar el tiempo de duración de los ensayos clínicos antes que para su uso individual.

  4. Tampoco tenemos una alternativa de manejo ampliamente aceptada de qué hacer con las personas con títulos bajos o indetectables. En algunos grupos de pacientes con peor respuesta inmunitaria general (inmunodeprimidos, trasplantados y algún otro) podría ser razonable emplear una tercera dosis, pero –al menos por el momento y con la excepción comentada– tenemos muchas primeras y segundas dosis que administrar (también en los países más pobres) antes que pensar en las terceras.

  5. La protección que ofrecen las vacunas no se basa sólo en la reducción del riesgo individual de las personas vacunadas. Que nuestro entorno esté vacunado es fundamental para la protección individual y con nuestra vacunación contribuimos a la protección de todos. Es solidaridad y es autointerés. Cuenten lo que cuenten “nuestros” anticuerpos, nuestra protección depende también, y mucho, de los anticuerpos de nuestros vecinos.

  6. Hay muchos test rápidos de anticuerpos (cerca de 50 aprobados en Estados Unidos), aunque ninguno validado o autorizado para evaluar la respuesta inmune a la vacunación. Por ello, las autoridades sanitarias desaconsejan su uso con esta finalidad. Estos test varían notablemente en su rendimiento diagnóstico y pueden resultar en diferentes proporciones de falsos positivos y falsos negativos.

  7. No todos los test comercializados detectan los anticuerpos generados por la vacunación (que sólo genera anticuerpos frente a la espiga del coronavirus, los llamados anti-S). Algunos sólo detectan los anticuerpos contra la cápside del virus (anti-N) y ofrecen resultados negativos en las personas vacunadas.

Entonces ¿cómo sabemos que las vacunas funcionan?

Sabemos que las vacunas son efectivas frente a los casos graves de Covid por los ensayos clínicos que llevaron a su autorización por las agencias de medicamentos. Diversos estudios posteriores, con datos de vida real en millones de personas, han confirmado estos resultados y han mostrado que, adicionalmente, las vacunas reducen de forma muy importante los casos asintomáticos y leves y la transmisión.

En España, un estudio del programa PROVAVAC de la Generalitat Valenciana (aún no publicado, pero con los resultados principales presentados) mostraba que el 98,7% de una muestra representativa de casi 900 personas residentes en centros de mayores (a priori, un grupo con menor capacidad de respuesta inmunitaria) tenían anticuerpos detectables a los 3 meses de la pauta completa. Algo más en personas vacunadas que previamente habían padecido la Covid (99,6%) pero prácticamente indistinguible de los sólo vacunados (98,3%). Y buena parte del 1,3% restante mostraba respuesta inmunitaria celular.

No es obligatorio enredar también con los test serológicos

A lo largo de la pandemia –en España, pero también en muchos otros países– hemos enredado, discutido y creado incertidumbre con muchas cosas. Desde las mascarillas a las restricciones a la movilidad, desde los test de antígenos a los cortes de edad para el uso de cada vacuna, desde los aislamientos de los contactos estrechos a los efectos adversos de la inmunización.

Aunque enredar sea ya más una tradición que una costumbre, no es obligatorio hacerlo también con los test serológicos. Lo menos deseable en este momento es que personas sanas y vacunadas acudan a sus médicos para demandar un test absurdo (que razonablemente sus médicos no querrán prescribirles) o porque se hayan realizado un test (no siempre fiable y casi nunca interpretable en términos de protección inmunitaria) y haya dado negativo.

Es innecesario, contraproducente y, en pleno repunte de casos y alta presión en la atención primaria, es el peor momento para enredar. Por esta vez, hagamos caso de la recomendación del Dr. Fauci, el asesor presidencial en materia Covid en Estados Unidos, que en recientes declaraciones a Insider decía con rotundidad que él no pensaba malgastar su tiempo haciéndose un test de anticuerpos … y que nadie debería hacerlo.

No malgastemos nuestro dinero. Tampoco nuestro tiempo. Tampoco el de los profesionales sanitarios.

 

 

Fuente: The Conversation

Last modified on 2021-07-16

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