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El Monopoly es uno de los juegos de caja más populares del mundo. Su ficticio sistema de alquileres, construcciones, hipotecas y subastas se asemeja al funcionamiento de una economía capitalista. Pocos conocen sin embargo que fue creado para concienciar sobre las desigualdades que genera.

El logotipo del juego, con la imagen del banquero, evoca a muchos tardes enteras alrededor del un tablero con billetes de papel, tarjetas con títulos de propiedad y fichas que representan casas u hoteles. Los participantes más chicos tienen un acercamiento al complejo mundo de las finanzas y los adultos pueden poner en práctica sus habilidades comerciales, sin más riesgo que perder un manojo de papeles.

Gana quien logra llevar a los contrincantes a la quiebra, comprando estratégicamente propiedades o infraestructuras energéticas y logísticas de una ciudad imaginaria y cobrando copiosas rentas por su usufructo. Los jugadores se ven enfrentados a la opulencia de la banca, el pago de impuestos y alquileres e incluso la cárcel.

Y aunque en cada partida cada uno debe sacar su capitalista más feroz si no quiere ser derrotado, el origen del juego de mesa se basa en todo lo contrario: generar conciencia sobre los desequilibrios de un sistema en el que pocas manos concentran la riqueza.

La periodista estadounidense Mary Pilon se zambulló en diferentes archivos para desentrañar la historia del Monopoly, en el marco de una investigación que plasmó en un libro. Aunque tradicionalmente se adjudica la autoría del tablero a Charles Darrow, un ingeniero desempleado tras la Gran Depresión de la década de 1930, Pilon encontró que los antecedentes se remontan a varias décadas antes.

La autora desempolvó la fascinante historia de Elizabeth 'Lizzie' Magie, una inventora, poeta y activista por los derechos de la mujer nacida en 1866. Hija de un padre intelectual, Magie —quien luego de casada adoptó el apellido Phillips— se embebió desde muy joven en la literatura económica, con una predilección particular por las ideas de Henry George.

George es el principal exponente de la teoría del geoísmo, según la cual la riqueza obtenida de la naturaleza se debe repartir equitativamente entre toda la humanidad. Para eso, el economista estadounidense propuso un sistema de impuesto único para gravar las rentas obtenidas de la tierra y destinar esos ingresos a la ciudadanía, por ejemplo, a través de un Estado de bienestar. Muchos de quienes hoy defienden el concepto de renta básica universal adscriben a estas ideas.

Para los seguidores de George, los monopolios que explotan hidrocarburos o minerales o los terratenientes que cobran alquileres deben pagar una contribución. Lizzie Magie quería educar a la gente para que conociera los conceptos del pensador, y así alertar al gran público sobre las consecuencias posibles de una economía manejada por corporaciones.

Por eso en 1902 creó un juego de caja llamado 'The Landlord's Game' (el juego del propietario, en inglés), con casillas correspondientes a propiedades y un sistema de alquileres, impuestos y prisión. La creación de Magie tenía dos conjuntos de reglas: uno monopólico, con el objetivo de que los contrincantes acapararan lo más posible, y otro antimonopólico, en el que se repartía la riqueza.

De acuerdo con la investigación de Mary Pilon, Magie patentó el juego en 1904 y logró que se volviera popular en círculos reducidos, vinculados al ambiente intelectual y académico. Circularon varias versiones del juego. En noviembre de 1936, la empresa impresora de juegos Parker Brothers ofreció comprarle la patente por 500 dólares, y ella accedió a esta inesperada propuesta, con la esperanza de poder popularizar las ideas de Henry George.

Pero unos meses antes, Charles Darrow, a quien la historia oficial le adjudica la creación, patentó una versión modificada del juego que circulaba, con un nuevo diseño y la palabra 'Monopoly' (monopolio) en el centro. Esta versión instantáneamente cobró popularidad y se vendieron millones de copias. Darrow también vendió a Parker su patente. Su contrato, a diferencia del de Magie, incluía regalías.

Y es así como el juego tan popular hoy en día volvió rico al ingeniero, mientras que Magie se quedó apenas con 500 dólares. Pero principalmente, hoy encarna el espíritu contrario al que impulsó su creación. Preocupado por la visión positiva de la acumulación de riqueza que difundía el juego, en la década de 1970, el profesor universitario Ralph Anspach creó Anti-Monopoly, con reglas más parecidas al conjunto de reglas 'georgistas' que la inventora planteó y no fueron incluidas en la versión de Darrow.

La iniciativa le valió una citación a un largo juicio que culminó a su favor. Pero como lado positivo, el académico encontró la historia de Magie, que dio más sustento a su alegato. Sin embargo, a pesar del litigio, hoy en día el nombre de la creadora no dice mucho al gran público y muchos desconocen esta apasionante historia.

Fuente: Sputnik

Last modified on 2019-08-26

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