El coronavirus agudiza las brechas de género en todas sus aristas

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El coronavirus agudiza las brechas de género en todas sus aristas

Abril 30, 2020 - 05:00

El trabajo que normalmente las mujeres realizaban superaba al trabajo de los hombres por más de 17 horas a la semana. En este tiempo de confinamiento por el COVID este número al menos se ha triplicado ya que, según la CEPAL, las mujeres se encargan en 69% de la labor familiar no remunerada. Además, al momento son las más vulnerables a ser desplazadas del mercado laboral y a sufrir violencia de género en sus hogares. Solo entre marzo y abril el ECU-911 recibió casi 7.000 llamadas por casos de alerta de violencia intrafamiliar.

La importancia del rol de la mujer en la crisis sanitaria se ha evidenciado con mayor fuerza. Las mujeres son quienes enfrentan esta crisis en primera línea tanto por sus actividades en el mercado laboral como en el hogar y en las comunidades. El papel que desempeñan es clave para la resiliencia de las personas y grupos afectados o vulnerables, así como para el cuidado de niños, niñas, adultos mayores y sus familias. Sin embargo, a medida de que se agrava la crisis, las consecuencias socioeconómicas profundizarán las desigualdades ya existentes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 70% del personal sociosanitario en el mundo son mujeres. Mientras que en América Latina 57% de doctoras en medicina son mujeres y nueve de cada 10 profesionales de enfermería también pertenecen a este género. Estas actividades con mayor exposición a fluidos y muestras de pacientes les incrementa el riesgo de contraer el virus.

Por otro lado, la desaceleración global de la economía por la crisis impactará con mayor fuerza en las personas y hogares que están en mayor vulnerabilidad, y especialmente en las mujeres, según afirma el PNUD. Se estima que a nivel global el desempleo aumentará entre 5,3 y 24,7 millones de personas, cuando en 2019 se cerró en 188 millones. En épocas de crisis las mujeres son las primeras en ser desplazadas del mercado laboral ya que ocupan gran parte del sector informal.

Por ello, entre los principales problemas que tiene que encarar la mujer en estos tiempos de pandemia están: la sobrecarga horaria con el trabajo del cuidado pues se habría, al menos, triplicado, y la mayor propensión de ser desplazadas del mercado.

EL TRABAJO DEL CUIDADO SE HA TRIPLICADO POR EL CORONAVIRUS

Según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, más del 75% del trabajo del cuidado recae en las mujeres. Se puede evidenciar esto en Ecuador, con base en el INEC, que las mujeres trabajan 17:42 más a la semana que los hombres, porque además de las actividades productivas en el mercado cubren las actividades del hogar (Cuadro 1). Ahora con la pandemia, esta realidad se ha profundizado debido a que son, en su mayoría, ellas quienes cubren los efectos del cierre de escuelas y el cuidado de las personas enfermas.

El confinamiento traerá consigo que las barreras físicas que existían entre el trabajo remunerado y el no remunerado desaparezcan, lo que supone una mayor carga de trabajo para las mujeres que lo asumen. Ante ello, investigadores de PNUD Género afirman que esto provocará una reducción de sus ingresos debido a que se les alargará aún más la jornada laboral y tendrán más riesgo de exponerse por el coronavirus.

Como se observa en el Cuadro 1, los hombres dedican 5:20 más que las mujeres a las actividades de trabajo remunerado. Pero las mujeres realizan al menos cuatro veces más que los hombres en el trabajo no remunerado, es decir 22:40 más. Por ende, los hombres disponen de más tiempo para dedicarse a actividades de ocio o descanso como el tiempo a sus estudios, lecturas, actividades creativas, meditación, etc. 

Cuadro 1 ¿Cómo se reparte el uso del tiempo en Ecuador?

Las normas sociales y los patrones culturales son los que han impuesto determinados roles por sexo que generan una pérdida de bienestar para las mujeres y que se traslada a la pérdida de bienestar social nacional.

Otros elementos que se han profundizado en este tiempo han sido los problemas de inseguridad y violencia doméstica. Entre marzo y abril, el ECU-911 recibió 6.819 llamadas de alarma por posibles casos de violencia de género. Al día 235 mujeres llaman al ECU por ser víctimas de violencia en sus hogares y, en promedio, cada hora se reciben 14 llamadas.

En tanto, son muchas las mujeres que no pueden denunciar este delito puesto a que pasan las 24 horas del día con su pareja en este tiempo de confinamiento. Además, según ONU mujeres, la probabilidad sufrir violencia de género es más alta (28%) cuando la pareja está en casa o desempleado.

Las tensiones en el hogar se acrecientan y las medidas de restricción que frenan al COVID limitan a que las mujeres puedan huir de su agresor. La presión de cumplir con sus actividades del hogar, con su trabajo, ahora con la educación de los hijos y todo ello en un ambiente de riesgo causa profundos daños psicológicos, físicos y emocionales.

De hecho, la presión adicional de tener los recursos para cubrir el consumo de sus familias es más fuerte. Las mujeres son las primeras en ser desplazadas del mercado laboral puesto que cubren gran parte del sector informal. Como reportó el INEC mediante la ENEMDU de diciembre 2019, las mujeres solo cubren 37,9% del empleo adecuado frente al 67,1% de los hombres, y la brecha salarial es aún de $ 52,80. Según la CEPAL, 75% de las mujeres que trabajan en sectores de baja productividad no están afiliadas al sistema de pensiones ni cuentan con un seguro de salud.

Estos tiempos de crisis demuestran una vez más las desigualdades que existen en la sociedad: los roles impuestos históricamente que perjudican el desarrollo de la mujer y que tampoco permiten el desarrollo de una nación. Esto se ha sabido desde el siglo XVIII, cuando Adam Smith, padre de la economía, dijo que “ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables”. Sin embargo, han pasado siglos y siguen muchos huecos sin cerrar. El trabajo, por ende, debe estar enfocado a cerrar estas brechas de desigualdad y para ello se precisa de un cambio estructural.

 

Por: Karen Lucero, redacción Revista GESTION.

 

 

 

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