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Autor: Ana Guerrero y Ana Cristina Alvarado *

La sobrepesca, la ganadería, la minería ilegal de oro y la deforestación son algunas de las amenazas que han reducido la cantidad y calidad de pesca en la cuenca amazónica.

Las hidroeléctricas mal diseñadas o de embalse actúan como barrera para la migración de peces como el dorado, impiden su reproducción y, por lo tanto, ponen en riesgo a esta y a otras especies.

La violación de vedas, el uso de explosivos o materiales tóxicos y la pesca ilegal en territorios indígenas o áreas protegidas son posibles, en gran medida, por la debilidad de la gobernanza pesquera  en los países amazónicos.

Para Jonathan Moreira y otros veinticuatro compañeros de la Asociación de Pescadores Artesanales Río Napo, las jornadas de pesca duran dos o tres días, cada semana. El grupo recorre el inmenso río que da nombre a su organización desde la ciudad de Francisco de Orellana, en Ecuador, hasta Nuevo Rocafuerte, en la frontera con Perú. Este trayecto puede tomar hasta un día. Ellos se distribuyen en varios puntos, en distintas embarcaciones.

Mientras recolectan peces con redes, otras personas pescan usando dinamita, una práctica considerada depredadora e ilegal. Además, en las aguas del río Napo a veces se distinguen manchas de petróleo, residuos de minería y aguas servidas. Un informe del Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica (Maate), enviado a La Barra Espaciadora, corroboró estos impactos al agua y a las pesquerías.

Pero estos problemas no son exclusivos del oriente ecuatoriano. La Amazonía ocupa territorios de nueve países, es una de las áreas más biodiversas del mundo, alberga entre 2.500 y 3.000 especies de peces y contiene cerca del 20% del agua dulce en superficie terrestre de todo el planeta. Sin embargo, enfrenta un riesgo creciente, debido a las amenazas descritas por el pescador y por la deforestación, la ganadería, las hidroeléctricas y otras infraestructuras mal planificadas, la sobrepesca, la pesca ilegal en territorios indígenas o áreas protegidas y el cambio climático.

Estas amenazas provocan la disminución de poblaciones de peces e impactan en la soberanía alimentaria y en las actividades comerciales de habitantes de toda la región. Pescadores como Moreira ya han sido testigos de los cambios. Hace unos tres años, durante un día, recolectaba unos 36 kilos de pescado. A mayo de 2023, el trabajador completaba esa cantidad en tres días.

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Tomas de la actividad minera de la empresa Terraearth Resources, en Napo, Ecuador, llevada a la justicia por colectivos sociales, por atentar contra los derechos de la naturaleza. Foto: Colectivo Napo Ama La Vida.

UN SOBREVUELO A LAS AMENAZAS DE LA CUENCA AMAZÓNICA

La Amazonía es vista como una fuente inagotable de recursos para la generación de energía mediante la operación de centrales hidroeléctricas. A marzo de 2020, entre las hidroeléctricas existentes y las que estaban planificadas, se contaban 833 a lo largo de toda la cuenca, de acuerdo con la publicación Amazonía Bajo Presión, de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG). Estas infraestructuras alteran los ciclos naturales de inundación. Esto causa, entre otros efectos, la pérdida de biodiversidad.

El Complejo Hidroeléctrico del Río Madera, ubicado en Brasil y Bolivia, es uno de los casos más graves de los impactos de los embalses en la región. Antes de su construcción, se pronosticó que causaría impactos sociales y ambientales como el crecimiento de los ríos e inundaciones, taponamiento de los afluentes y ríos de la cuenca, desplazamiento y desaparición de especies de peces.

El periodista brasileño Gustavo Faleiros, cofundador de Infoamazonía, documentó en sus investigaciones el impacto causado al bagre dorado, el pez con la migración más larga del mundo, pues se traslada por el río Amazonas y sus tributarios desde el piedemonte de los Andes hasta su desembocadura en el océano Atlántico. Las represas aislaron a los juveniles, ubicados río arriba, de los adultos, que se quedaron al otro lado de las compuertas de los embalses. Al evitar la migración de los peces hacia las estribaciones de los Andes, se limitó su reproducción. Esto ha incrementado el riesgo para la especie.

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La central hidroeléctrica de Jirau, situada en el río Madeira, norte de Brasil, fue inaugurada en diciembre de 2016. Foto: Tomada de https://tractebel-engie.cl

“La cuenca amazónica alberga una de las pesquerías más grandes del mundo”, asegura Pedro Jiménez, biólogo y científico de Agua Dulce de The Nature Conservancy Ecuador. “Sin embargo, la información es escasa, lo que impide que proliferen políticas de manejo pesquero de manera sustentada”. 

En Brasil se establecieron acuerdos de pesca en los años 60 para cuidar el stock de peces y los pescadores cuentan con incentivos del Estado durante las vedas. En Perú, la legislación contempla vedas y se promueven planes de manejo pesquero. No obstante, en el resto de países no ha habido voluntad política para implementar normativas eficaces ni control.

Esas fallas, sumadas a la falta de interconexión entre los países de la cuenca, como asegura Luis Moya, especialista en recursos naturales de Wildlife Conservation Society (WCS) Perú, han permitido que otra amenaza crezca: la pesca ilegal. Publicaciones periodísticas han documentado viajes de pescadores peruanos y colombianos hacia territorios indígenas brasileños para capturar bagres, paiche o pirarucú (Arapaima gigas) y otras especies. 

La Dirección Regional de la Producción de Loreto registró un incremento significativo en el desembarque anual de pescado procedente de la cuenca del río Amazonas y sus tributarios. Los desembarques pasaron de 1 162 444 toneladas en 2018 a 3 850 031 toneladas en 2022. Es decir, se triplicó en cuatro años. “La mayor cantidad de este total se registra en Santa Rosa, localidad ubicada en la frontera entre Colombia y Brasil, y dentro de este volumen se destaca el paiche”, asegura el experto de WCS. 

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El uso de barbasco es ilegal en Perú, pues este tóxico de origen vegetal mata de manera indiscriminada a los recursos pesqueros. Foto: Gustavo Carrasco / WCS

De acuerdo con Moya, la pesca ilegal también contempla la violación de vedas, el uso de redes con malla de abertura pequeña, de explosivos o tóxicos, o la captura y comercialización con fines ornamentales de especies listadas como prohibidas. Según la legislación peruana, el valentón (Brachyplatystoma filamentosum), la cachama o gamitana (Colossoma macropomum) y el boquichico (Prochilodus nigricans) están en la lista de 35 especies prohibidas de comercializar con fines ornamentales, por ser especies de consumo alimenticio. También son especies en peligro, aunque no están aún en la Lista Roja de Especies Amenazadas. El paiche sí consta en esta lista.

La sobrepesca comercial con fines de consumo alimenticio es otra de las grandes amenazas a las pesquerías de la región. La oferta encuentra demanda en los mercados locales urbanos, en capitales de países amazónicos como Bogotá o Lima, y también en Europa y Asia. “Hace algún tiempo que el crecimiento de las ciudades aumenta el consumo y la búsqueda de algunas especies preferidas”, asegura Guillermo Estupiñán, especialista de Recursos Pesqueros de WCS Brasil.

Por si las amenazas descritas no fueran suficientes, el equilibrio de las pesquerías amazónicas también es puesto en vilo por otras actividades humanas. Preocupan la deforestación y la ganadería, pero la minería ilegal de oro genera más alertas, debido al impacto directo en el curso de los ríos, en la biodiversidad, en la soberanía alimentaria y en la vida humana. En esta actividad se usa mercurio, un metal que puede causar envenenamiento.

Moya advierte que en Madre de Dios, Perú, la actividad minera ilegal ha crecido a tal punto que en los bosques afectados se encontró hasta 14 veces más mercurio elemental gaseoso que en bosques vecinos. El estudio Análisis regional de los niveles de mercurio en el pescado consumido por la población de la Amazonía brasileña encontró peces con un promedio de 21,3% más mercurio que lo permitido por ley.

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La deforestación podría poner en riesgo el ciclo del agua, que hace de la Amazonía un bioma rico en este recurso. Foto: Rhett Butler.

HAY SOLUCIONES, PERO FALTA INTEGRACIÓN

Estupiñán y Moya concuerdan en que uno de los primeros pasos es mejorar el registro de estadísticas de pesca y el monitoreo pesquero en diversas escalas para diseñar mejores medidas de manejo sostenible. El papel de pueblos indígenas, comunidades locales, asociaciones y cooperativas de pescadores, y empresas para fortalecer la gobernanza y transparencia a lo largo de esta cadena productiva es clave para complementar los esfuerzos desde el Estado. Por otro lado, la formalización de la pesca también puede contribuir a incrementar la recaudación de impuestos y a motivar a que las autoridades de los países de la cuenca fortalezcan el diseño y cumplimiento de normativas.

Sólo en Loreto, Perú, la venta de pescado generó 65 millones de nuevos soles (17 millones de dólares) entre 2016 y 2019, según la publicación de 2020 de WCS Pesquerías en Loreto, amenazas emergentes y presiones prevalentes. Los números demuestran el potencial de este sector si se formaliza. Esto podría ayudar a enfrentar otra de las más grandes amenazas, de acuerdo con Moya: el cambio climático.

El experto de WCS Perú cuenta que el verano cada vez se alarga más. En consecuencia, se cambia la dinámica de creciente y vaciante, es decir, las temporadas de inundación y de sequía, de los cuerpos hídricos de Loreto. La época cálida normalmente finaliza en octubre de cada año, pero la temporada que debía concluir en octubre de 2022 se extendió hasta enero de 2023. 

Estos cambios desubican a los pescadores, quienes se guían por las estaciones para planificar sus actividades, con base en los ciclos de crecimiento, alimentación y migración de los peces.

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Reunión de trabajo de personal del Ministerio de Ambiente de Ecuador y Perú. Foto: Cortesía Ministerio de Ambiente de Ecuador.
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La Asociación de Pescadores Artesanales Río Napo pesca especies desde Francisco de Orellana, en Ecuador, hasta Nuevo Rocafuerte, en la frontera con Perú. Foto: Cortesía Jonathan Moreira.

De regreso en Ecuador, personal de la Subsecretaría de Recursos Pesqueros y de WCS impulsa el levantamiento de información para conocer el estado actual de la pesquería artesanal fluvial en la región amazónica del país.

Iniciativas similares se realizan en otros países de la cuenca con diferentes niveles de avance. Es indispensable compartir información entre  países vecinos para tener un panorama más completo del rango de migración de las principales especies comerciales a escala regional. Con esta información, se puede impulsar la toma de decisiones desde las instituciones gubernamentales de todos los países.

Jonathan Moreira, pescador del río Napo en Ecuador, cuenta que los miembros de su Asociación reciben talleres para mantener y perfeccionar las prácticas artesanales, conocer sobre las especies y la importancia de la conservación. Las capacitaciones brindan conocimientos sobre asociatividad, formación de líderes, prácticas de higiene y resolución de conflictos. 

El pescador y sus familiares empezaron trámites para legalizar una nueva asociación pesquera, que sería la tercera en Ecuador. 

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Ilustración: Jonathan Venegas-La Barra Espaciadora.
Last modified on 2024-01-16

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