El mercado laboral desplaza a las mujeres mientras su carga doméstica crece

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El mercado laboral desplaza a las mujeres mientras su carga doméstica crece

Septiembre 27, 2020 - 19:00

A nivel general, el empleo se ha visto completamente afectado por la pandemia. La estructura del mercado laboral ha cambiado por completo, sobresaliendo el subempleo como el principal tipo de ocupación, según los datos del INEC de mayo/junio de 2020. El subempleo tuvo una tasa de variación del 250%; segregando los datos del mercado laboral por sexo se encuentra que las mujeres fueron más afectadas. Además, la carga no remunerada, reflejada en las tareas domésticas, se profundizó durante la pandemia para el género femenino.

La crisis a causa de la pandemia activó algunos patrones. En términos reales, las variables sociales y económicas se han visto fuertemente afectadas, provocado una decadencia en prácticamente todos los indicadores. La producción cae, el PIB decrece, el desempleo aumenta y con ello la pobreza, pero además las brechas sociales se profundizan.

Con un decrecimiento esperado del PIB de -10%, según el Banco Central del Ecuador (BCE), para el cierre de 2020, el mercado laboral se ha visto devastado a nivel global. Según el FMI, los trabajos que corren mayor riesgo son de los pobres y de los jóvenes, que ganan muy poco. Pero, además, las mujeres dado que se dedican a actividades económicas que se han visto más afectadas, como los servicios de alojamiento, restaurantes, entre otros donde no hay posibilidad de realizar teletrabajo.

El INEC, mediante la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo – Telefónico (ENEMDU-T) levantó la información en medio del confinamiento entre mayo y junio. La encuesta fue adaptada a la modalidad telefónica para preservar la calidad de respuestas y resultados.

En general, los datos de la ENEMDU-T evidencian la crítica situación del país. El pleno empleo pasó a ser el segundo tipo de empleo más bajo, con una tasa del 16,7%, mientras que hasta diciembre 2019 era el que prevalecía (38,8%). Esto indica que tan solo de enero a junio, 24,6% de la Población Económicamente Activa (PEA) fue desplazada al subempleo o desempleo, lo que equivale a 1’874.964 personas.

La pandemia marcó un giro en la estructura interna del mercado laboral. En estos momentos, el subempleo prepondera, con una tasa de 34,5% de la PEA. Y el desempleo pasó de 3,8% en diciembre de 2019 a 13,3% en mayo y junio de este año. Mientras que el empleo no remunerado cayó considerablemente -del 10,9% al 7,7%- dado que las personas tienen necesidad de encontrar una actividad que les genere una remuneración.

Gráfico 1

Evolución de la estructura del mercado laboral en Ecuador 2008 - 2020

 

 

LAS CRISIS DESPLAZAN A LA MUJER EN EL MERCADO LABORAL

En las mujeres es donde recaen con mayor peso los efectos del debilitamiento macroeconómico. Una investigación realizada por ONU Mujeres y Telefónica Ecuador respecto a los “Efectos de la emergencia sanitaria sobre la vida de las mujeres: economía y cuidados” reveló que 48 de cada 100 mujeres que estaban en relación de dependencia permanente u ocasional fueron separadas, despedidas o suspendidas sin fecha de retorno.

Más allá de que la tasa de empleo global -tanto pleno empleo, subempleo y otros tipos de empleo- sea siempre mayor para los hombres, a la vez esta brecha se agranda en recesiones. Como muestra el Gráfico 1, el empleo global pasó en promedio de 96% a 86%, pero diferenciando por género la mujer tuvo una caída de empleo de 11,1%, mientras la disminución del empleo de los hombres fue de 8,3% (Gráfico 2).

Gráfico 2

Tasa de empleo global por sexo

 

 

Ahora, si lo segregamos por tipos de empleo y género, se encuentran las preferencias del mercado laboral ecuatoriano (Gráfico 3). En un principio, la tasa de empleo adecuado se vio afectada casi equitativamente para hombres y mujeres. Si bien la caída fue más significativa para los hombres (-27,2%) que para las mujeres (-15,1%), resultó en una tasa mínima de pleno empleo para ambos sexos, 17,6% y 15,5%, respectivamente.

Este suceso se debe a varios factores como el hecho de que la mujer gana 25% menos que un hombre por el mismo trabajo, por lo que habría incentivos para mantenerle empleada; también los puestos que se han mantenido son los que tienen alta especialización y son difíciles de ser reemplazados; en el Ecuador, el porcentaje de mujeres con grado y postgrado es superior que el de los hombres; y, otro factor clave, independientemente del sexo, son los costos de despido, por lo que serán removidos del cargo con mayor facilidad a aquellos que no tengan una elevada indemnización que cubrir.

Todos estos trabajadores que han sido removidos de su empleo tuvieron que desplazarse a otra actividad, pues la mayoría son jefes de hogar o su hogar depende de sus ingresos. Por tanto, el cierre masivo de muchas empresas o sus medidas de austeridad han causado que el subempleo prepondere en el mercado laboral. Su tasa de variación fue de 102% para los hombres y 77,8% para las mujeres, prácticamente se ha duplicado el subempleo.

Por el lado del desempleo, la tasa nacional fue alarmante, pasando de 3,8% en diciembre a 13,3% en solo seis meses. En promedio, el desempleo tuvo un incremento de 250% para los hombres y las mujeres, pero la brecha permanece pues se ha visto una preferencia por mantener a los hombres que a las mujeres.

Según Lita Martínez, directora del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), las empresas, aunque tratan de ser conscientes al momento de tomar una decisión, en la mayoría de los casos prefieren mantener a los hombres en la nómina porque la mujer es quien se embaraza o generalmente pide permisos para el cuidado de su familia, dijo a revista Vistazo.

En términos netamente económicos, las mujeres son consideradas “más costosas”, aunque esto no sea más que una perspectiva cultural junto con la falta de corresponsabilidad con las tareas del hogar.

Gráfico 3

Tipos de empleo por sexo

 

 

¿POR QUÉ SE COMPLICA MÁS EL TRABAJO PARA LAS MUJERES EN ESTA CRISIS?

Las mujeres que aún trabajan han tenido que ceder en sus derechos para mantener su empleo. En su informe, ONU Mujeres señala que 33 de cada 100 mujeres que continúan trabajando ahora trabajan menos horas, mientras que 57 de cada 100 mujeres han tenido que disminuir su salario.

Los sectores que se han visto mayormente afectados en esta temporada han sido los mismos que concentran mayor cantidad de trabajadoras. Los trabajadores del sector de alimentos y alojamiento, y el comercio mayorista y minorista son los más afectados, y al mismo tiempo son los más complejos para teletrabajar. Además, los sectores donde está la mayoría de mujeres cuentan con salarios minúsculos por lo que fácilmente se recortan las horas o, simplemente, se las despide.

Estar preparados para el trabajo remoto es un reto que no todos los países ni los sectores pueden responder de la misma forma. En el Gráfico 4, se observa la viabilidad que tienen países con economías avanzadas y países emergentes para acogerse a la modalidad virtual. Está claro que para las economías avanzadas es mucho más fácil el trabajo a distancia, pues el índice supera los 0,30 puntos. Pero en países como México, Ecuador, Chile y Perú difícilmente podrían adaptarse al teletrabajo, simplemente porque muchos hogares ni siquiera cuentan con una computadora en casa, o también por las deficiencias de conectividad.

Gráfico 4

Índice de viabilidad de trabajo a distancia

 

Revista Gestion

 

Ante ello, el FMI considera que las mujeres podrían verse especialmente afectadas, e incluso esto llega a amenazar algunos avances logrados en las últimas décadas en materia de igualdad de género. Además, señala que las mujeres se concentran de manera desproporcionada en los sectores más afectados por la incapacidad de funcionar en modalidad remota como servicios de alimentos y hotelería. Otro factor clave, es que las mujeres realizan más tareas relacionadas con el cuidado de hijos y enfermos y las labores domésticas, a su vez que la provisión en el mercado de estos servicios se ha interrumpido.

LA MUJER TRABAJÓ 22 HORAS MÁS QUE EL HOMBRE EN ACTIVIDADES REPRODUCTIVAS

En lo que respecta al tiempo dedicado al trabajo por semana, el INEC reporta que tanto para hombres y mujeres las horas de trabajo se han reducido. De lo que hasta diciembre los hombres trabajaban en promedio 39 h y 58 min y las mujeres 34 h y 17 min, entre mayo y junio este tiempo cayó a 31 h 38 min y 28 h con 7 min, respectivamente (Tabla 1). Es por ello que el subempleo por insuficiencia de horas fue el que más creció (en alrededor de 14% entre diciembre 2019 a junio 2020). Sin embargo, estos datos representan únicamente la carga de trabajo productivo, más no el reproductivo.

Uno de los principales obstáculos para que las mujeres se incorporen al mercado laboral es la sobrecarga de trabajo de cuidados no remunerados. En el contexto de la emergencia sanitaria, está barrera puede ser aún mayor e incluso podría causar el desplazamiento forzado de dejar sus trabajos para cubrir con las tareas del hogar.

Según la Encuesta Específica del Uso del Tiempo (EUT) del INEC, hay una brecha de 22 h 40 min en las tareas domésticas. A la semana, la mujer destina 31 h 49 min a las actividades del hogar, en contraste con las 9 h 9 min que destina el hombre. Por lo tanto, si sumamos las horas de trabajo productivo y reproductivo, los hombres habrían trabajado a la semana 40 h 47 min y las mujeres 59 h 56 min, dejando aún una gran brecha.

Según ONU Mujeres, en el contexto actual esta carga invisible se incrementa ya que además de las tareas cotidianas ahora se agregan nuevas actividades como el acompañamiento de la educación de los hijos, el cuidado de niños, niñas y personas mayores ante el confinamiento, la coordinación logística del hogar, ocio y entretenimiento, entre otras. Tal es el punto, que sostienen que la carga adicional generada por el COVID-19 puede llegar a abarcar en sí misma una jornada laboral completa, que además no es remunerada.

Tabla 1

Horas de trabajo a la semana (actividades productivas)

 

Las brechas sociales persisten, pero sobre todo se siguen agrandando cuando ocurre una externalidad. Esto demuestra la débil institucionalidad formal e informal respecto a la igualdad de género, pues el comportamiento del mercado laboral, al preferir a los hombres antes que a las mujeres y desplazarlas, no se ha mitigado aún con las políticas implementadas.

Un factor clave es considerar a las mujeres como mano de obra más costosa. Sin embargo, esto no es más que un arraigamiento cultural que deja el peso de las actividades del hogar únicamente en la mujer, poniendo en segundo plano su necesidad de trabajar y desarrollarse como individuo.

Por: Karen Lucero, redacción Revista GESTIÓN.

 

 

 

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